sábado, 26 de diciembre de 2015

QUIEN ME MIRA

QUIEN ME MIRA                          Por
Bajo su quitasol, escondía la mirada si yo me volvía hasta él y, como un mal actor,  la barajaba en cualquiera de los bañistas que asomaban en la arena de la playa. Acaso nadie le hubiese contado lo complicado que resulta que nosotras demos el primer paso, si al menos no conocemos el nombre que tiene el peligro.
Fabricábamos una lista de improbables novios que nos tocaría a mis amigas y a mí, al verano siguiente, mientras pasaban en nuestro delante los cuerpos marcados y esbeltos de los muchachos, cuando de pronto Marlene lo señaló. Al verse descubierto, para castigarme, volviose de espalda. Yo maldije la hora en que mi indiscreción me alejó de la única posibilidad que tenía de conocerlo.
Más tarde, cuando el bullicio de la playa naufragaba en la negra reventazón que rebulle mar adentro, él dejó la sombra. Por un momento sentí alucinar que se acercaba a mí, aprovechando que me quedaba sola. “Dime, te quedas cerca- dice, después de presentarnos-, es que habrá una toada esta la noche para despedir el verano y me gustaría invitarte”. Sí, pienso contestar, pero mi respuesta se desvanece en mi boca, una sed que de repente sube, machuca y enrosca mis pies hasta adueñarse de mi cabeza, impidió que continuase de pie.
            Cuando desperté en la asistencia médica, junto a mi cama, ellas me confirman que él me trajo hasta aquí.
-¿Dónde está?
- Se ha ido- me responde una de ellas.
- ¿Pero le dijeron dónde puede encontrarme si es que va por la ciudad?
Esfuerzo inútil.

Tontas no parecen entender mi pregunta, mientras dos lágrimas ruedan en mis mejillas. Es la rabia y pena de dejar mi paraguas de delfines color rosa en mi habitación, dándoles gusto a ese par de tontas, que reprochaban que se me viese una niñata que, ahora, llora haber dejado que su tonto miedo al ridículo y un repentino ataque de insolación lo separen para siempre de su secreto amador. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario